Nuestra Historia

Notas históricas de la Congregación de las Hermanas Marcelinas






Las Hermanas Marcelinas tomaron su nombre de Santa Marcelina, quien vivió en el s. IV y fuera hermana y educadora de los santos Ambrosio y Sátiro. Esta santa fue elegida como protectora y modelo de la naciente Congregación, por haber educado a sus hermanos menores a la fe cristiana, y por haber vivido el ideal de la consagración virginal a Cristo con otras jóvenes quienes se unieron a ella para compartir el estudio de las Sagradas Escrituras, la oración y obras de caridad.



La congregación fue fundada en 1838 en Cernusco sul Naviglio (Milán), en donde el entonces director espiritual del seminario mayor, P. Luis Biraghi abrió un internado para las niñas de condición económica “acomodada”, confiándolo al cuidado de cuatro jóvenes maestras bajo la dirección de Marina Videmari, todas ellas decididas a vivir la consagración religiosa, instruyendo y educando a las alumnas en la vida cristiana.


Después de la primera aprobación, en el 1839, realizada por el Arzobispo de Milán Cardenal Gaetano Gaisruck, el instituto, en el 1841, abrió un segundo internado en Vimercate (Milán), gracias al generoso apoyo del conde Giacomo Mellerio (1777‐1847). Habiendo obtenido la autorización imperial obligatoria durante el reino del Lombardo‐Veneto, en 1852 tuvo el reconocimiento canónico otorgado por el Arzobispo Mons. C. Bartoloméo Romilli, quien presidió la primera profesión pública de las religiosas, a quienes entregó la Regla escrita por el Fundador con el título Regla de las Hermanas Ursulinas de Santa Marcelina en la Diócesis de Milán (…) Tuvo que preceder el de Santa Marcelina, porque, después de la supresión de las órdenes religiosas del 1810, no se permitía la fundación de nuevas órdenes, sólo se admitía la restauración de las antiguas. Luis Biraghi, entonces, se refirió a la institución del mil quinientos, de las Ursulinas de Santa Ángela Merici, apreciada por los arzobispos milanenses que habían sucedido a San Carlos, así como al Cardenal Gaisruk. Esta Regla, que tuvo una segunda edición en el 1875 y a la cual se añadieron algunas normas prácticas redactadas por Madre Videmari, para obtener la aprobación pontificia, sucesivamente fue reelaborada según las disposiciones del derecho canónico y definitivamente aprobada en 1899. En el 1921, de acuerdo con el Código de Derecho Canónico, se elaboró una nueva edición, dividida en dos partes: Constituciones y Directorio. En el 1980 fue aprobado el texto de las Constituciones y de las Normas del Instituto de las Hermanas de Santa Marcelina, elaborado durante el Capítulo Especial del 1968‐1970, en relación con la renovación de la vida religiosa según el Concilio Vaticano II.


El Fundador dio como finalidad a la Congregación de las Marcelinas la educación de las niñas, como elección precisa de apostolado. Consciente de la importancia que iba asumiendo la mujer en la sociedad moderna, en progresivo alejamiento de la fe a causa de la influencia de las ideologías ateas y revolucionarias de finales del siglo XVIII y principio del siglo XIX, él consideró importante su formación cristiana en la edad escolar, como medio para una nueva cristianización de la familia y de la sociedad. “El fin por el cual, Dios queriendo, fue fundada esta Congregación – se lee en el prólogo de la Regla – fue el de bien educar a las jóvenes, de cuyo resultado en la educación cristiana y social depende en gran parte el bien de la Iglesia y del Estado.” “Es por eso –continúa el texto –que el oficio de educar es santo, difícil y de tal naturaleza que requiere mucha habilidad, ejemplos edificantes, absoluto desinterés y continuos sacrificios, por ese motivo las congregaciones religiosas se consideran oportunas, las cuales, juntando la piedad a la ciencia, en la concordia de los esfuerzos, en el sólo interés del bien, se dedican precisamente a un servicio tan importante”. La Regla, por lo tanto, tiene doble finalidad: ofrecer a las hermanas todos los medios para vivir en plenitud la consagración religiosa y todos los medios para formar a las alumnas “en la sincera bondad cristiana, en los trabajos más útiles para la familia y en los estudios que convienen a jóvenes honradas”. De aquí surge la originalidad de la vocación religiosa “Marcelina”, al mismo tiempo son vírgenes consagradas y educadoras, comprometidas a ser “santas para educar” y a “santificarse” en la obra educativa. Por eso, además de la protectora Santa Marcelina, les dio como modelo a las dos hermanas del Evangelio Marta y María, representadas en la pintura (en forma de media luna) que se encuentra arriba del portón del primer Colegio en Cernusco, figuras tradicionalmente consideradas símbolos de la vida religiosa activa y de la vida contemplativa. El capítulo general de julio 2010 confirmó la definición del carisma, resultado de la lectura de los textos del Fundador, de la reflexión sobre los mismos y de la oración. “Las Marcelinas están llamadas a vivir un carisma educativo, revelador de la pasión de Dios Padre por el hombre. Las caracteriza la contemplación de Cristo Salvador que las envía a anunciar, en todos los ámbitos de su misión apostólica, la Verdad del Evangelio. Ellas realizan su servicio con el método de la encarnación (el vivir con, tanto encomendado por el Fundador) con actitud materna y espíritu de familia”.





Es indispensable tener presente el contexto histórico (siglo XIX) en el cual nacieron y se desarrollaron las Marcelinas. Las ideas de libertad e igualdad, difundidas en Italia desde la Francia ilustrada, revolucionaria y napoleónica, habían dejado huellas en las nuevas generaciones. La Lombardía de manera especial políticamente había experimentado, entre entusiasmos y desilusiones, en menos de veinte años, los gobiernos de la República Cisalpina (1800), de la República Italiana(1801) y del Reino de Italia (1805‐1815). Estas ideas no habían desaparecido con el ocaso del astro napoleónico, en el 1815, y el restablecimiento del Reino Lombardo ‐ Veneto, bajo el dominio de Austria. Austria, por otra parte, visto que en los estados de su imperio se presentaba como restauradora de la religión católica, gravemente perjudicada por las reformas napoleónicas y por la supresión de las órdenes religiosas, consideradas, según la expresión de los ilustrados ateos, “parásitos de la sociedad”, no podía ignorar las nuevas exigencias de los pueblos, ni traicionar los progresos sociales que el “buen gobierno” de la reina María Teresa ya había empezado a realizar en Lombardía, en el siglo anterior. Por lo anterior, el periodo llamado de la “Restauración” comprendido entre 1815 y 1848, puede considerarse un periodo de gran renovación en el reino Lombardo–Véneto, bajo el aspecto socio‐político y religioso‐cultural. En este ámbito actuó el P. Luis Biraghi, para traer nuevamente a la fe en Cristo a los hombres de su tiempo, fascinados por las promesas ilusorias de una felicidad terrenal garantizada por el progreso. Sin desdeñar las conquistas de la ciencia y tomando lección de la historia, intuyó que los tiempos habían cambiado y era necesario modificar las formas de apostolado, por eso, era necesario que su instituto educativo‐religioso fuera diferente de los que ya existían, dedicados a la educación de las niñas. Las novedades que caracterizan a las Marcelinas se refieren: a) a la vida de las hermanas, libres del vínculo claustral, pero comprometidas, más aún, en la continua convivencia con las alumnas, en el dormitorio, en el comedor, en los paseos, en los recreos; con “espíritu de familia”. b) al sistema didáctico‐pedagógico


a. Vida religiosa y espiritualidad. Aún abriéndose a las exigencias de los nuevos tiempos, la Regla escrita por Luis Biraghi para las Marcelinas, contiene una fuerte orientación ascético‐ religiosa y exige a las hermanas un total desapego de su propio yo, de sus inclinaciones, de sus gustos, con el fin de realizar la uniformidad y la igualdad en los métodos, que garanticen la unidad y la armonía de las comunidades de los diferentes colegios; y de los diversos colegios en la misma Congregación. Todo esto resulta de lo que se menciona en los cuatro primeros capítulos, en donde se indica: el horario y las ocupaciones ordinarias a desarrollar durante el día, lo relativo a la comida, al vestido, a los tiempos y a las formas de cómo llevar a cabo las prácticas de piedad, el espíritu con el cual se deben vivir los ejercicios prescritos para la Congregación y, se definen las virtudes propias de las Marcelinas. Entre las virtudes, ocupa el primer lugar la humildad evangélica, como fundamento de la caridad y de la auténtica vida fraterna. Las penitencias corporales están prohibidas para las Marcelinas, serán sustituidas con el abundante ejercicio de penitencia que comporta la obra educativa y la constante convivencia con las alumnas. Mons. Biraghi en su Regla es muy exigente en pedir a sus hijas el compromiso de la santidad, conseguida a través de una intensa vida de oración, indispensable sostén para la práctica de las virtudes. En los ejercicios espirituales prescritos por la Regla, el Fundador quería que las hermanas tuvieran recta intención y sincera humildad, prohibiéndoles las “muchas prácticas de devoción”, consideradas por él, prácticas de piedad superficiales y mal entendidas, mientras que recomendaba la continua oración que se puede hacer en todo tiempo y lugar, y se armoniza perfectamente con el cumplimiento de sus propios deberes. La espiritualidad de las Marcelinas, como la deseaba el Fundador, más que en las cortas indicaciones marcadas en la Regla; se encuentra en las cartas que él envió a la Cofundadora Marina Videmari y a las hermanas. Se trata de una espiritualidad Cristocéntrica. El Fundador recomienda a sus hijas un amor totalitario para Jesús y las invita a meditar la pasión y muerte redentoras, a imitar su obediencia al Padre, el amor misericordioso hacia los hermanos, la humildad, el espíritu de sacrificio hasta aceptar la muerte para la salvación de las almas. El Fundador quiso también que las Marcelinas tuvieran una fervorosa devoción a María Santísima, a la Santa Virgen Marcelina, patrona del Instituto, a San José, particularmente invocado como protector en los diferentes momentos de fundación y de desarrollo de la obra.
b. La Escuela en el proyecto del Fundador En el proyecto educativo de las Marcelinas, elaborado por el Fundador, dos son los aspectos que aparecen como particularmente importantes: a) la instrucción impartida en los colegios debía ser en todo conforme a la de las escuelas oficiales a las cuales empezaban a asistir siempre más las jóvenes, especialmente las pertenecientes a la pequeña burguesía; b) las maestras debían poseer los títulos y diplomas requeridos por la autoridad escolar. La primera en someterse al examen general de conocimientos con el fin de conseguir el título necesario para abrir una escuela primaria, fue Marina Videmari. Las aspirantes a la vida religiosa marcelina, que entraron en seguida a la Congregación, excepto Emilia Marcionni, ya titulada, presentaron los exámenes de conocimientos para titularse no sólo para enseñar en la escuela primaria sino también para enseñar francés, alemán, inglés, música y pintura, así como lo requerían los diversos programas oficiales. En 1865, siendo Lombardía ya provincia del Reino de Italia, los Fundadores no hesitaron en hacer que las hermanas presentaran nuevamente los exámenes exigidos por la nueva autoridad escolar‐ gubernamental. Entre ellas los presentó sor Maríana Sala (1829‐1891), una de las primeras alumnas marcelinas del Colegio de Vimercate, una de las primeras marcelinas que profesaron públicamente los votos en 1852. Después de una vida ejemplar como religiosa educadora, fue también la primera Marcelina proclamada Beata en 1980. Fue un acto de valentía por parte de los Fundadores el haber hecho presentar a las hermanas el examen general de conocimientos, hecho que de inmediato fue imitado por otros institutos educativos. Eso permitió a las Marcelinas poder también enseñar en el nivel superior, abriendo en aquellos años la Escuela Normal con las mismas características que las escuelas oficiales. Finalmente, a fin de siglo, en 1889, cuando ya se desvanecieron los prejuicios y las mujeres pudieron acceder libremente a los estudios universitarios, Madre Marina Videmari no echó en saco roto la oportunidad, para que algunas hermanas jóvenes, tal vez las más aptas para los estudios, obtuvieran las licenciaturas en letras y ciencias, conseguidas en las universidades de Génova y Pavía. Ella vio la necesidad de tener Religiosas altamente calificadas para asumir la dirección y la enseñanza de los cursos de la Escuela Superior, en especial de las preparatorias, que se iban abriendo en varios de los colegios. En el 1897 en Roma, por decisión de Madre Emilia Marcionni, se abrió un centro de estudios, con la finalidad de recibir a las jóvenes Marcelinas que estudiarían en el Regio Instituto Superior del Magisterio Femenil. En el 1901, se titularon con el máximo puntaje las hermanas: Valentini Antonietta (1867‐1932), Robecchi Ida (18..‐1952), Mercalli Teresa (1875‐1962), Biella Giuseppina (1873‐1947), Caspani María (1871‐1943), Riva María Laura (1875‐1944); en 1895, también consiguieron el título: sor Carlotta Luraschi (1878‐1950), sor Felicita Sirtori (1875‐1961), las cuales fueron examinadas por María Montessori y otros docentes de grande profesionalidad. Se relata lo anterior para subrayar la seriedad y el valor de los títulos conseguidos por aquellas primeras hermanas. Los Fundadores dieron también importancia a la preparación teológica de las hermanas destinadas a la enseñanza de la Religión en las escuelas y a la catequesis parroquial. A este propósito se hace notar que para garantizar la “santa doctrina”, las Marcelinas maestras, durante las horas de Religión se quedaban siempre en los salones de clase como asistentes de los profesores de Religión; los cuales regularmente eran escogidos entre los más preparados teólogos o sacerdotes diocesanos y religiosos. El primer nivel escolar con el cual empezaron las Marcelinas fue la primaria. En el archivo de Milán, con fotocopia en la casa general, se conserva el primer plan de estudios del Colegio Marcelina en Cernusco, con fecha del 1839, redactado por Madre Marina Videmari, allí se indica el horario de las internas, el horario de clase y las materias específicas de cada grupo, así como los lineamientos generales del método educativo adoptado. Las hermanas debiendo vivir de su trabajo se mantuvieron gracias a las entradas del internado y las dotes que aportaba cada religiosa. Por explícita voluntad del Fundador cada colegio debía también acoger gratuitamente, en salones de clase, específicamente asignados, a las alumnas pobres. Así se hizo siempre en sintonía con la evolución caritativa y socio asistencial de cada época.


Suor Genoveffa e Suor Maria Anna Sala

Suor Emilia Marcionni


Después del éxito de los colegios de Lombardía, las Marcelinas fueron llamadas a desarrollar su obra educativa a Milazzo (1861), en el Cantón Ticino (1865) y a Zara (1866). A causa de la situación política de aquellos años estos requerimientos no pudieron ser atendidos. Finalmente, en 1868 Mons. Biraghi abrió un colegio en Génova‐ Albaro y en 1876 un internado en Chambery en Saboya (Francia). Después de la muerte del Fundador, Madre Videmari, en el 1882, fundó un colegio en Lecce, que tuvo de inmediato un gran éxito. En el año 1885, Madre Videmari, con ocasión del quincuagésimo aniversario de su primer encuentro espiritual con Luis Biraghi, durante el cual se determinó el rumbo de su vida y el nacimiento de la Congregación, escribió, sin publicar, “Las Memorias del origen del Instituto”, dedicándolas a las superioras de las seis comunidades de las Marcelinas que en aquél entonces trabajaban en el campo de un prometedor apostolado escolar. Entre las diversas dificultades que encontró la naciente Congregación, Madre Videmari recuerda la ley que estaba en vigor en julio de 1866, la cual suprimió a los Institutos Religiosos. Por otro lado, las satisfacciones que alegraron el ánimo de la generosa Cofundadora no fueron pocas, sobre todo ella dio gracias a Dios “por la buena marcha de la Congregación”, por la grande estima que gozaba de la población y por la benevolencia que le mostraban los obispos y el clero en los lugares en donde las Marcelinas trabajaban en las escuelas, en las parroquias, en las obras de caridad. Madre Marina Videmari, a pesar de haber solicitado desde 1866, durante sus varias visitas a Roma, mediante especiales audiencias pontificias, la aprobación del Instituto, no tuvo la satisfacción de conseguirla, ésta fue otorgada sólo pocos años después de su muerte acaecida el 10 de abril de 1891.

Giuditta Alghisi Montini, madre di Paolo VI
Más allá de los éxitos exteriores conseguidos por las Marcelinas a través de su obra educativa ampliamente apreciada en Italia y en el extranjero, la validez y la oportunidad del proyecto de Mons. Biraghi en relación con la evangelización de la sociedad moderna son el resultado de los frutos espirituales madurados por la fiel observancia de la Regla por parte de las religiosas, como también se percibe a través del éxito que tuvieron como madres y como esposas, muchas de las alumnas educadas por ellas. Entre las diversas alumnas basta recordar la ya mencionada Sor Mariana Sala, la cual vivió con tanta perfección el carisma del Instituto, que se le llamó la Regla Viviente, además la Señora Giuditta Alguisi Montini, educada por las Marcelinas desde su tierna infancia en el Colegio de Quadronno, en Milán, tuvo como maestra a la misma Beata Sor Mariana Sala y fue la mamá del Papa Paolo VI, Giovanni Battista Montini, el cual más de una vez declaró que su fe la debía a la educación de su mamá.


El siglo XX se ha caracterizado por el hecho que la Congregación fundó más allá del océano: en Brasil (1912), en Canadá (1959), en México (1984) y en Europa abrió nuevas obras educativas, en Inglaterra (1955), en Suiza (1963), en Albania (1996) La congregación asume un carácter siempre más internacional. Al principio del 1900, animadas por el Papa Pío IX, bajo la guía de la Madre Antonietta Valentini (1867‐1932), una de entre las mejores herederas del espíritu del Fundador, las Marcelinas llevaron su obra educativa a Brasil. Ahí, abrieron colegios en las ciudades más grandes, éstos, por el método y la disciplina escolar eran en todo iguales a los de Italia. Pero pronto, viendo los graves desequilibrios socioeconómicos de aquel gran país, empezaron a tener obras sociales y hospitales, obras implícitamente consideradas presentes en la inspiración inicial del Fundador.


Papa San Pio X

Madre Virginia Acquistapace



Fundación de las misiones en Brasil (1912) Desde el 1905, Madre Acquistapace, fue a Roma y recibida por el Papa San Pio X, se sintió animada por el mismo Pontífice a iniciar una nueva obra en Brasil. En nuestra Sede Regional en Sao Paulo conservamos la bendición del Santo Padre, redactada con su puño y letra, por medio de la cual nos anima a dejar Italia para esta fundación. En el 1912 la Congregación decide abrir una casa en la pequeña ciudad de Botucatu (estado de Sao Paulo), diócesis de recién fundación y bajo la jurisdicción de su Excelencia el Obispo Lucio Antunes de Souza. Él pide a la Congregación que se ocupe de la educación al interior del estado de Sao Paulo, en donde era presente una numerosa mano de obra de inmigrantes italianos. Sor Antonietta Valentini, en aquel entonces vicaria general, parte con otras dos hermanas: sor Giuseppina Fantino y sor Elisa Varenna. El diario de sor Rita de Stefanis nos relata todas las emociones de las pioneras. Las hermanas, desembarcando en Santos el 19 de marzo toman el tren y después de nueve horas llegan a Botocatu el 20 de marzo. En marzo 1912 las primeras Marcelinas salen desde Génova hacia Brasil. El Obispo, Monseñor Lucio de Souza, aconseja a las hermanas comprar un gran terreno para la construcción de un colegio. Entonces inicia la construcción y, la vigilia de Navidad del 1912, se inaugura el Colegio de los Ángeles como se denominó. En febrero de 1913 dio inicio el año escolar. El año siguiente inicia la primera guerra mundial, las hermanas quedan aisladas, pero ampliamente gratificadas por el hecho que su obra educativa es bien acogida y muy apreciada. En el 1917 las estudiantes eran ya 150. En este periodo sor Antonietta Valentini (1867‐1932) es elegida Madre General. Interesante la carta que ella desde Botucatu envía a las hermanas del Colegio de Tommaseo; podríamos definirla un Magníficat por todo lo que Dios ha obrado por medio de las hermanas en breve tiempo, en sólo siete años, la fundación en Brasil tiene un notable desarrollo y un crecimiento material y espiritual, 190 internas y las primeras vocaciones brasileñas en un país en donde no se tenía ni idea de la vida religiosa. En el 1921 se abre, en efecto, en Botucatu el Noviciado. Según la tradición de las Marcelinas se abrieron escuelas gratuitas para los más pobres. Así que hoy en la periferia de Botucatu existe la obra social Madre Marina, un preescolar en donde todo es gratuito y los niños pueden recibir una comida diaria, asistencia médica y gozar de muchas actividades lúdicas y musicales (típica la banda). Todo esto ofrece también un trabajo a los que no lo tienen. Colegio de Botucatu En el 1924 Madre Antonietta Valentini por solicitud del obispo de Sao Paulo adquiere un terreno en Perdizes, una bonita colonia de Sao Paulo en donde hoy surge un Colegio, la Sede Regional, la Universidad y un internado. La realización de estas obras se debe a una grande animadora marcelina, sor Sofía Marchetti que fue ayudada y sostenida, en la realización arquitectónica por su hermano ingeniero. En el 1927 cinco hermanas, enviadas desde Botucatu, fundan el Colegio de Muriaé, en el estado de Minas Gerais. Saliendo al encuentro de las familias más pudientes que vivían en la zona rural o en pequeñas localidades, las hermanas abrieron un internado en el cual se desarrollaba la actividad educativa dando grande atención a la formación de la mujer. Escuchamos el testimonio de dos hermanas que todavía viven y son exalumnas, sor Yolanda Scavigioli y sor Olga Magdalena quienes han conocido a las hermanas fundadoras: “Estas hermanas pioneras, junto a otras que llegaron después, han dejado una huella profunda, una espiritualidad sólida, sencilla y seria, fundada en el grande amor a Jesús Salvador. Jesús las llenaba de ardor apostólico y les daba la fuerza para superar las miles de dificultades, pequeñas y grandes; eran mujeres emocionalmente maduras y llenas de valentía, no se preocupaban de las apariencias, mujeres de oración y de acción, mujeres fuertes, maternas, buenas y determinadas. Sabían elogiar y corregir cuando era necesario. No se dejaban ganar por el cansancio ni por el desánimo. Han sabido enfrentar el desconocido idioma, costumbres y cultura. En el ambiente de la casa, aún sobrio, se respiraba el buen gusto y se aprendía como cultivarlo; ellas se aplicaban al estudio y lo exigían para desarrollar con fruto la misión de educar. En la Iglesia y en la sociedad eran respetadas por la seriedad de su vida religiosa”. Siempre en Muriaé, surgió por medio de las Marcelinas la Facultad de Letras y Pedagogía, la primera, en este lugar, en ofrecer a las jóvenes, la instrucción universitaria. Fundada en el 1961 por decreto federal, ha iniciado su actividad impartiendo cursos de Letras y de Pedagogía hasta cuando, en el 1967 se transfirió a un edificio moderno con amplias estructuras. Hoy la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras Santa Marcelina, FAFISM, ofrece también cursos de Matemáticas, Física y Química a los cuales recientemente se añadieron los cursos de Ciencias Biológicas, de Historia y de Geografía. El instituto ofrece también cursos para los ya titulados y las especialidades en todos los sectores de la Instrucción. Desde hace más de 50 años la FAFISM continúa su empeño de formación, conjugando entre sí la cultura humanística, científica, y la formación humana y cristiana en un mundo en constante mutación. En el nivel nacional goza de mucho prestigio. Ha contribuido a mejorar la calidad profesional de los profesores, además de que ha mejorado el nivel cultural de los habitantes de esta zona. Animadas por el buen éxito de su obra educativa, las Marcelinas de Brasil fundan otras escuelas: 1939 Río de Janeiro (RJ) : el Colegio de Río de Janeiro tiene sus inicios en un espléndido palacio de estilo inglés del siglo XIX, construido por Mark Sutton. Fue sólo en el 1940 que empezó la construcción de la actual escuela primaria y secundaria. La primera construcción, nombrada el Castillito, se quedó como escuela primaria. En Río de Janeiro las Marcelinas dieron comienzo a una escuela y a una obra social para los niños de las favelas. Belo Horizonte 1952 ‐ (Estado de Minas Gerais), las Marcelinas abren una escuela y un internado para las jóvenes; a partir de 1985 se transforma en escuela mixta. El Colegio de Sao Paulo El carisma marcelino se ha extendido a otras actividades sociales y pastorales. En Itaquera, pequeña ciudad cercana a Sao Paulo, las Marcelinas compraron un terreno para la construcción de una casa de descanso para las hermanas. En los años sesenta fue enviada a Brasil sor Giuseppina Raineri, una hermana italiana médica, quien inauguró un pequeño hospital que tuvo un enorme desarrollo. Hoy los hospitales de las marcelinas son cuatro, todos cerca uno del otro. El estado de Sao Paulo ha, de hecho, confiado estas estructuras a la buena gestión de las Marcelinas, las cuales, como buenas educadoras, se ocupan de la formación humana y profesional del personal hospitalario, en particular, de los enfermeros (Escuela Sofía Marchetti). Hospital de Itaquera ‐ Sao Paulo En Sao Paulo, la Facultad Santa Marcelina, FASM prepara técnicos en radiología y en contabilidad hospitalaria así como enfermeros, mientras que la Casa Emaús, acoge a los enfermos y sus familias. En Amazonia (1975) sor María Rosa Gambella, sor Dolores Greco y sor Libera Tedesco se empeñan en continuar en Porto Velho (Estado de Rondonia) la obra del padre José, dedicándose a los leprosos y a la educación de sus hijos; hoy existe un hospital, una escuela y un taller de ortopedia. Para los leprosos y para tanta gente de la zona ha surgido, después, una oficina ortopédica y una escuela para los hijos de los leprosos y para todos aquellos que desean frecuentarla. La misión de las Marcelinas se extiende además hasta Bahía ‐ Terranova, donde las hermanas colaboran con un centro educativo para menores. Este centro además de ofrecer una alimentación diaria y cursos de formación profesional, tiene el preescolar y la primaria, un centro de pastoral y un dispensario con distribución de medicamentos. En Bahía ‐ San Sebastián do Passé, las hermanas desarrollan actividades sociales y pastorales, en particular gestionan un preescolar En Cascabel (Paraná), en el sur del país, las Marcelinas atienden un asilo de personas mayores abandonadas y se ocupan de la pastoral universitaria y diocesana. En Brasilia, capital de Brasil, las religiosas gestionan un internado y una escuela de artesanía. A lo largo de todo el año 2012 se han solemnemente celebrado los cien años de la presencia marcelina en Brasil.

Madre Antonietta Valentini


Collegio di Botucatu


Muriaé, l'università Santa Marcellina


Il collegio di San Paolo


Ospedale di Itaquera - San Paolo


Rondônia - Suor Claudia in visita alle famiglie della foresta amazzonica


La Villa Marina fue construida en el año 1811. En el año 1933 fue cedida a las Marcelinas, como herencia de Sor Eden Nasturzo.
La Villa Marina, tiene un parque contiguo, que desciende en terrazas en forma de escalones hacia el mar, constituye un valioso ejemplo de noble complejo residencial vacacional de la primera mitad del siglo XIX. Por lo tanto, esta fue formalmente reconocida de intereses culturales del Ministerio de Bienes y de las Actividades culturales y del Turismo de la región Liguri (2015).
El inmueble fue destinado a las Hermanas Marcelinas, primero para casa de hospitalidad para personas solas y familias durante todo el año, menos los meses de verano, en los cuales se utiliza para descanso de verano para las vacaciones de las alumnas y hermanas.
En el año 1986 la Villa fue reestructurada y transformada en casa de atención y reposo para ancianos (RSA), hasta el término de las actividades y cesión de la casa, en el 2019.

College di Londra
En el 1955, Madre Ma. Elisa Zanchi, mujer de grandes retos y valerosa, abierta a las exigencias de los tiempos, adquiere, en el corazón de Hempstead, una de las zonas residenciales más bonitas de la ciudad, un viejo edificio, obra del famoso arquitecto Richard Norman Shaw. Las Marcelinas, establecidas allí desde hace más de cincuenta años, ofrecen a las jóvenes y a los grupos escolares deseosos de aprender el idioma inglés una residencia acogedora y un ambiente típicamente familiar.

Madre Elisa Zanchi, fondatrice delle opere marcelline a Montréal
El creciente número de las vocaciones y el interés por los idiomas extranjeros animan a atravesar nuevamente el océano, hasta Quebec, en Montreal. El Instituto, establecido allí en el 1959; cuenta hoy con tres construcciones escolares: la Villa Sainte‐Marcelline, el Collège Sainte‐Marcelline y el Collège International des Marcellines (cégep), además una residencia para las personas mayores: la “Residencia de la Amistad” (1974).

Montréal: collegio Santa Marcellina

Madre Elisa Zanchi
En el 1963 Madre María Elisa Zanchi realiza una nueva fundación en Lausanne (Suiza). El nuevo edificio, situado en el barrio de Valmont, viene llamado «Pensionnat Valmont de l’Institut International Sainte‐Marcelline». La finalidad de la nueva fundación es ayudar a las jóvenes provenientes de todos los países del mundo y de religiones diversas, a adquirir una sólida formación humana, cultural y espiritual. Los buenos resultados obtenidos en los exámenes por las alumnas y la apertura para algunos alumnos de las clases superiores animan a la dirección de las Hermanas a dar vida a una verdadera escuela según el sistema escolar francés, dependiente de la Academia di Grenoble (Francia). El “Pensionnat Valmont” se vuelve, así’, en el 1990 « l’École Française Valmont ».

Scuola francese di Losanna - Valmont


La experiencia hospitalaria de Brasil ofreció a las Marcelinas un nuevo modo de evangelizar. En el 1967 la Congregación asumió la dirección y los servicios del grande hospital de Tricase (Lecce), obra deseada por el Cardenal Giovanni Panico. Hoy las actividades de las Hermanas Marcelinas, ya presentes desde 1961 en la residencia Oasis, continúan en el hospital, en el “hospice” Casa Betania (2009)en el polo Didáctico Universitario en el centro de diálisis Santa Marcelina, todas estas estructuras al servicio de las personas en el sufrimiento y en la enfermedad.


La experiencia vivida en Canadá en Montréal, inspira y anima la fundación de una casa de descanso para las personas mayores en Cernusco, la misma ciudad que vio nacer la Congregación.
El 18 de julio 1984 sor Antonia Contaldo llega junto con sor Anna Rita Cordella a México, acompañadas por sor Orietta Roda. La casa no está todavía lista para acogerlas, por eso se hospedan con las Hermanas Eucarísticas de la Soledad de María. Una semana más tarde con la llegada de sor Rosalba Proto y sor Grazia Semeraro provenientes de Italia, inicia la primera comunidad en tierra mexicana. La integración de la comunidad se realiza fácilmente gracias a la buena voluntad de todas y al firme deseo de servir al Señor. Después de un año de trabajo parroquial, las hermanas abren sus puertas a los niños del preescolar y siguen ofreciendo la catequesis en las parroquias cercanas. Fieles al carisma de las Marcelinas se preocupan de la enseñanza, de la educación y de la evangelización. Desde el principio se integran fácilmente a la vida de la colonia, participando en los momentos de fiesta y de dolor de sus habitantes. Los mexicanos las sienten cercanas. La explosión de la gasolinera San Juanico (19 de noviembre 1984) las ve al lado de los niños dolorosamente quemados en el hospital infantil y, el devastador terremoto del 19 de septiembre 1985, que afecta destruyendo buena parte de la capital, las encuentra generosamente entregadas, en medio de los afectados por el sismo. Se prestan a socorrer a quien necesita ayuda, preparan la comida y la distribuyen poniendo a disposición su medio de transporte. Hoy la comunidad de Ciudad de México, además de la escuela primaria, colabora en la parroquia. En el 1989, otra comunidad Marcelina se establece en la ciudad de Querétaro. La escuela con el pasar de los años crece y hoy el colegio acoge alumnos desde el preescolar hasta la preparatoria con una presencia educativa bien reconocida por las autoridades oficiales, las universidades y los padres de familia. Sor Assunta Fantastico, deseosa de cambiar la vida de tantas familias que vivían del «basurero», sostenida por una voluntad férrea y un grande corazón y al mismo tiempo recordando el deseo de Monseñor Luis Biraghi de siempre fundar, en la cercanía de la escuela para los alumnos de clase social acomodada, una escuela para los alumnos de condición menos privilegiada, da vida al Girasol (2001). Nace así una escuela, fruto de la providencia, la cual, ampliada y enriquecida de los servicios necesarios, acoge hoy quinientos niños desde el preescolar hasta el sexto grado de primaria. Otro centro educativo se establece en Bolaños, el Centro Mariana Sala que ofrece a un centenar de niños y adolescentes la comida diaria, un tiempo de juego, el apoyo a la tarea y la formación en valores. Las hermanas se dedican también a la formación de las familias y para todos tienen un corazón abierto y un oído atento para discernir las necesidades más apremiantes. Los rostros sonrientes de tantos niños y adolescentes, que se preparan a enfrentar un futuro mejor, son para todas las hermanas, directamente empeñadas en la obra o no, una recompensa para su fatiga diaria. En el 2008 se abre el noviciado en el Pueblito, a veinte minutos del Colegio de Querétaro. En el mismo terreno del Noviciado surge también la casa de retiro para dar la posibilidad a quien lo desee, de tener un espacio tranquilo para momentos de espiritualidad.

Città del Messico - Collegio Santa Marcellina


Querétaro - Collegio Santa Marcellina

Querétaro - Collegio Santa Marcellina - Atrio


Querétaro - Collegio Girasol


Desde el 1995 las Hermanas Marcelinas llevaron, en el corazón de Saranda, en Albania del sur, su fraterna ayuda a quien la necesitaba. La necesidad y la urgencia de recoger a los niños de edad preescolar en un ambiente que les consintiera una adecuada formación, las llevó a abrir un jardín de niños que, con el pasar de los años, ha visto crecer el número de alumnos. Desde la fundación funciona un dispensario en cuyas instalaciones las Hermanas Marcelinas y tres médicos albaneses ofrecen su competencia profesional en el ámbito de la asistencia sanitaria gratuita para las personas con dificultad económica de Saranda, Shendelli y de otras aldeas limítrofes. La educación sanitaria, permite la educación con estilo de vida sano y se fomenta la cultura de la salud. Desde 2002-03 se han iniciado los cursos profesionales de informática, de lengua italiana y de artesanía. Durante el mes de julio, vista la necesidad de sacar de la calle lo más posible a los niños y a los jóvenes, se organiza, gracias a la ayuda de tantos voluntarios provenientes de Italia, un “campamento de verano”. Esta actividad le gusta tanto a los chicos como a las familias que, aprecian el valor educativo y lúdico.

Albania - Saranda
La pasión educativa propia de las Marcelinas, se renueva en la dinámica abierta a las exigencias de los tiempos, manteniendo las características propias y fundamentales del Instituto: el empeño serio y constante por el estudio y la cultura, en un clima sereno, familiar, acogedor y de dialogo con los jóvenes.

El 30 de abril del 2006, la beatificación del Fundador, el Beato Luis Biraghi, sella una etapa importante en la historia de la Congregación. Esta solemne celebración, presidida del Cardenal Prefecto José Saraiva Martins, tuvo lugar en la Catedral de Milán (Duomo) en la presencia del Arzobispo de Milán, el Cradenal Dionigi Tettamanzi. Los periódicos titularon este acontecimiento: Un don de Dios para la Iglesia Ambrosiana.

La solicitud educativa en África, en Brasil y en ciertas zonas del sur de Italia, han recibido por parte de las Marcelinas algunas respuestas significativas.

En octubre del 2007, inmediatamente después de haberse tomado la decisión en el Capítulo XXIV, se abrió la misión en Benín, con el inicio del primer año escolar en Golo Yekon, pueblo que se encuentra a 20 Km de Cotonou.



La presencia del Instituto de las Hermanas Marcelinas en la ciudad de Cascabel-PR (Brasil) se inició en el año 1977, en colaboración con los laicos vicentinos desarrollando primero la misión a favor de los ancianos y de las madres solteras, en la casa de hospitalidad de San Vicente de Paúl. Las hermanas hasta hoy han estado participando en la pastoral de la diócesis y ayudan a los jóvenes a discernir su propia vocación. Desde el 22 de febrero de 2008, el Noviciado de Brasil se trasladó a Cascabel.

El 10 de agosto de 2009, en Palmas (Tocantins-Brasil) se fundó el Centro Educativo Santa Marcelina (CESAM). Es el 21 de agosto del mismo año 2009, tres hermanas generosamente partieron a una nueva misión en Calabria, en Falerna (Italia). El mandato parroquial se terminó en el año 2014.

En noviembre del 2018, las hermanas Marcelinas han tomado en Sapezal (Mato Grosso-Brasil) la gestión de un hospital, actualmente denominado “Hospital Santa Marcelina de Sapezal”. Desde entonces, es el único hospital que ofrece estos servicios en este lugar, que cuenta con 25,054 habitantes, siendo una referencia en la asistencia desde la baja a la media complejidad. El hospital atiende 24 horas sobre 24, y se propone de mejorar, además de la calidad de la atención, el carácter humanitario. Dispone de 53 camas y del servicio de urgencias. Ofrece los servicios de especialidad en Ginecología y obstetricia, Pediatría, Ortopedia, Medicina interna, Cirugía General, Anestesiología, servicios de diagnósticos. Ha llegado a ser un punto de referencia de Obstetricia, con una media de 50 partos mensuales. Recientemente han adquirido un aparato de video quirúrgico que es una novedad de grande impacto, porque ofrece al paciente un procedimiento de mayor seguridad y confort.



La presencia religiosa de las Hermanas Marcelinas entre la gente y en la Comunidad Parroquial se ha retomado en Calabria (Italia) el 30 de noviembre de 2019, a Mammola, antiguo y pequeño lugar en el lado icónico de Calabria. Entre el Aspromonte y las sierras Calabreses.



En México, en las habituales misiones semanales durante el periodo de Semana Santa en los pueblitos donde no hay sacerdotes, se ha hecho sentir más viva y urgente la necesidad de la evangelización. En agosto del 2020, de las Comunidades de Querétaro, invitadas por el Párroco de Purísima, iniciaron con mucha alegría su permanencia entre los habitantes de Santa María de los Cocos, en el Municipio de Arroyo Seco, en la zona serrana de Querétaro, un pequeño pueblo que cuenta con solamente con 460 habitantes, muchos de ellos viven en pobreza y sin la mínima instrucción.