México – Querétaro, Nuestra misión en Santa María de los Cocos

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Inicialmente nos encontrábamos en una comunidad llamada Purísima, a tres horas de la ciudad de Querétaro.
Habíamos sido invitadas por el señor párroco, para impartir la catequesis, instruir a los adultos en las enseñanzas de la Biblia, para la organización de retiros para jóvenes y también para ocuparnos de la formación cristiana y litúrgica para los monaguillos.

Purísima de Arista pertenece al Municipio de Arroyo Seco, en el estado de Querétaro.
La parroquia está dedicada a la Inmaculada Concepción de María.

Frente a la llegada de la pandemia, el párroco, Alonso, nos pidió que fuéramos un mes a otra comunidad: Santa María de Cocos, a unas cinco horas de la ciudad de Querétaro.


Don Alonso Montero Ricardez, párroco de Purísima desde 2017, en el día de su nombramiento.
La celebración Eucarística fue precedida por su Excl. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de Querétaro

S. Maria de los Cocos – La capilla donde se venera a la Virgen de Fátima

Inicialmente, se suponía que la estadía en Cocos, sería de solo un mes, pero luego nos dimos cuenta de que, en ese lugar, se necesitaba una formación sólida y estable.

El proceso de evangelización, tenía que existir de manera permanente, a favor de esa comunidad.

Con la aprobación del Consejo Regional, repartimos para la misión, pero esta vez con un programa anual y regresando solo de vez en cuando a nuestra comunidad marcelina, esto, para mantenernos en comunión con nuestras hermanas y reavivar nuestra vida de oración y de vida fraterna.

Han transcurrido apenas dos meses y medio desde que estamos en Santa María de los Cocos y ya nos sentimos parte de esa comunidad.

Sor Angélica Mondragón y sor Maricarmen Chávez Plascencia en su nueva misión

Uno de los proyectos que logramos llevar a cabo, fue la rehabilitación de una pequeña casa de una pareja de ancianos: Florencio y Vicenta que vivían en dos pequeñas habitaciones de aproximadamente 3 x 4m. cada una.


La pareja de ancianos: Florencio y Vicenta, frente a su habitación

Sus condiciones de vida eran terriblemente desfavorecidas e insalubres. En una de las habitaciones había: una cama para dormir, muchas bolsas de plástico que envolvían ropa que la gente de tanto en tanto les regalaba,

También había algunos baldes con agua limpia y otros con detergente, para lavar sus pocos platos y una pequeña estufa de piedra para cocinar la comida, además, había un antiguo generador de electricidad, pero ya no funcionaba. De hecho, hasta ahora, continúan viviendo sin luz.

El otro cuartito estaba lleno de mil baratijas, cosas que habían recibido como regalo y que las guardaban allí: ropa, cuchillos para trabajar en el campo, zapatos, mantas, perchas, bolsas de plástico.

Las dos habitaciones estaban hechas de ramas de árboles, por lo que, durante la noche, especialmente en invierno, el frío era atroz, y en la época de lluvias el malestar era bastante considerable.

Por ello, nos propusimos a reclutar personas de buena voluntad entre los habitantes de la comunidad de Cocos, para que ayudaran a cubrir una de las casas de estos ancianos con barro, arcilla y pasto.

Para proceder a aislar el ambiente de la intemperie, primero despejamos una habitación, la que les serviría como dormitorio. El otro cuarto permanecería como estaba, funcionando como cocina y comedor.


La habitación restaurada

Mientras tanto, las dos hermanas nos hemos dedicado a diversas actividades de evangelización y oración: en la catequesis para niños y adultos, en la participación en la celebración de la Palabra, en la distribución de la Eucaristía a los fieles que lo deseen; y en una fuerte participación durante las horas de adoración al Santísimo.


También formamos ahí, un grupo de jóvenes dispuestos a recibir encuentros de formación humana y cristiana y a visitar a los enfermos o los más necesitados de la comunidad; algunos de ellos también se ofrecen para limpiar la capilla dos veces por mes.


Otra actividad que realizamos asiduamente, es la distribución de la Sagrada Comunión a los enfermos; además, realizamos muchos otros pequeños servicios de escucha, asesoramiento y caridad hacia quienes lo necesiten.

En diciembre participamos muy activamente en la organización de la fiesta patronal de la comunidad. Ayudamos a coordinar las diversas actividades, religiosas y profanas que estaban programadas para honrar a Nuestra Señora de Guadalupe. Todo esto nos ha permitido unirnos más a la comunidad y a promover con mayor fuerza, la confianza de la gente en Cristo y en Su Iglesia.

Además, durante el tiempo navideño alegramos a los niños del lugar, distribuyéndoles juguetes que, a nuestra vez, recibimos como donativo.

Después de este breve período de apostolado, podemos decir que estamos verdaderamente felices de servir al Señor aquí, donde Él mismo nos ha guiado a través de personas y situaciones.
Todos los días vemos la intervención de Su Guía Paternal hacia sus hijos más pequeños y desfavorecidos.

Seguimos confiando en Nuestra Madre María Santísima, para que ella, con el Espíritu de Cristo, nos sugiera los tiempos y las formas de amar y servir a estos hermanos nuestros.
Queremos agradecer a nuestras hermanas de la comunidad por la gran ayuda material que nos ofrecen y no solo; les agradecemos sobre todo por su oración que nos acompaña todos los días.

Un sincero agradecimiento también al Consejo Regional y a nuestra querida Madre sor Marimena, que nos han impulsado para ir donde el Espíritu nos llama, hacia nuevos lugares y formas de fraternidad con los hermanos más necesitados de fe, de caridad y de fraternidad.

A Él sea la gloria, el honor y todo el poder, por los siglos de los siglos.

Sor Angélica Mondragón Mendoza y sor Maricarmen Chávez Plascencia