Su Vocación Religiosa

En el sereno recogimiento del Colegio de Vimercate, María Ana encontró una alegría mayor que la que le podía dar su diploma.

Su corazón recibió la llamada de Jesús pidiéndole que le siguiera en la vida de devoción, de apostolado y de evangelización como lo hicieron, bajo la guía de la Madre Videmari, ferviente colaboradora del Fundador, sus educadoras cuyo celo y piedad había admirado.

María Ana respondió inmediatamente a la llamada de Jesús con entrega total; pero tuvo que esperar dos años antes de poder llevar a cabo este generoso propósito.

La enfermedad de su madre, la numerosa familia y la ruina económica de su padre, víctima de un fraude, requirieron su bondadosa y serena presencia en la casa. Su madre la consideraba la mejor de sus hijos y en ella su padre encontró la fuerza del perdón cristiano y el ánimo que necesitaba para volver a sus actividades.

Vimercate (Milán). El colegio de las Marcelinas.

Fue el 13 de febrero de 1848 cuando María Ana volvió al colegio de Vimercate como aspirante a la vida religiosa, cumpliendo así su más profundo deseo.

Después de su noviciado, pronunció sus votos el 13 de septiembre de 1852 coincidiendo con la creación canónica de la congregación.