María Ana fue la quinta de los ocho hijos de Giovanni María Sala y Giovanna Comi. Nació el 21 de abril de 1829 en Brivio, antiguo pueblo a orillas del río Adda, cerca de Lecco.
Su padre era un hombre muy creyente y trabajador, bien conocido en la industria de la madera. En el centro del pueblo, poseía una casa sólida y confortable con un amplio pórtico y un alegre patio.
María Ana nació y creció como sus hermanos y hermanas en esta casa, en el seno de una familia cariñosa, en una atmósfera de paz y tranquilidad, de acuerdo con las tradiciones cristianas de la numerosa familia, bien establecida en la comunidad parroquial, donde Giovanni Sala era muy respetado.
María Ana, el día de su nacimiento, fue llevada a la pila bautismal de la parroquia cercana y allí recibió las simientes de la Vida Divina que le llevaría por el camino de la santidad.
Durante su pura e inocente infancia, ella profundizó su piedad con el estudio asiduo de las verdades de la Fe que marcaron profundamente su viva inteligencia.
El Oratorio de San Leonardo, pequeño santuario situado no muy lejos del pueblo, fue para la niña María Ana un lugar predilecto de devoción. Era ahí donde la buena gente de Brivio veneraba a Nuestra Señora, acudiendo a ella con sus penas, recibiendo gracias y el consuelo cristiano de la esperanza.
También iba con una de sus hermanas a rezar ante Nuestra Señora en momentos de gran pena, como cuando su madre estuvo gravemente enferma.
Mientras las dos jóvenes rezaban, escena recogida en un pequeño cuadro votivo de la familia, la Virgen María se le apareció a la madre, bendiciéndola y devolviéndole la salud.