Concientes de su responsabilidad hacia sus hijos, los padres de María Ana los preparaban para la vida eterna, dándoles el ejemplo de su vida cristiana, a la vez que para el difícil camino en esta vida, aceptando al mismo tiempo las conquistas del progreso de la segunda mitad del siglo diecinueve.
La fama de la reciente fundación de un pensionado femenil alcanzó Brivio. Una escuela de Santa Marcelina fue abierta en Cernusco sul Naviglio en 1838 por el beato Luigi Biraghi, director espiritual del seminario.
El objetivo de la institución era educar según las reglas de vida cristiana a las jóvenes de la clase media que estaba tornando cada vez más importancia en la vida civil, siguiendo un serio programa de estudios sin olvidar las actividades domésticas.
Con una nueva aprobación y numerosas candidatas, las hermanas de Santa Marcelina abrieron un segundo pensionado en Vimercate en la baja Brianza. Fue en este colegio donde Giovanni María Sala quiso que completasen sus estudios sus hijas. María Ana estuvo ahí desde 1842 y poco después la siguieron sus hermanas Genoveva y Lucía.
María Ana fue una estudiante modelo y en 1846 obtuvo su diploma de maestra con óptimos resultados.