Nuestra espiritualidad

   

De las Normas

76. La espiritualidad de la hermana Marcelina, o sea su vivir en el Espíritu, es cristocéntrica. El Espíritu de Cristo, así como se reveló al Beato Luis Biraghi, sostiene y anima la vida de la Marcelina, su vida de oración, la vida comunitaria, la misión.

77. La espiritualidad de la Marcelina, engendrada del carisma educativo del Beato Luis Biraghi, es una espiritualidad  empapada     de “sencillez y solidez” es rica de fraternidad; es misionaria, orientada hacia el otro en el deseo de engendrar  “criaturas nuevas” según el espíritu de las bienaventuranzas. 

78. El encuentro eucarístico y la escucha de la Palabra de Dios a imitación de María alimentan la espiritualidad de la hermana Marcelina la cual, según el estilo de la Encarnación, comparte la vida del otro,  y asume con compasión su propio tiempo para sanar los “males” y restaurar la belleza de la criatura, hecha a imagen del Creador.

79. Según la síntesis indicada por el Fundador a través del icono de  Marta y María, la Marcelina está llamada a devenir mujer de escucha, en constante actitud contemplativa. En la búsqueda amorosa de Jesús, vivida en el cotidiano compromiso apostólico, la hermana Marcelina unifica su vida y mora con Él en su “celda interior” en profunda  comunión.

 

Nuestro glosario marcelino

En el estilo de las Marcelinas hay una grande libertad de espíritu y de hecho no existe un modelo de educador: en efecto, aún asumiendo y compartiendo el intento común de poner al centro  a la persona en su totalidad, cada uno está llamado a dar su propia y personal aportación carismática, para así hacer dinámico y siempre nuevo el acercamiento a las nuevas generaciones.
Hay pero algunos rasgos que, tomados en cuenta, crean una plataforma común y califican y caracterizan la acción educativa:

- Bondad: es un rasgo del carácter recomendado por don Luis.  Indica la serenidad del juicio, la mirada  positiva sobre los hechos y las personas. En la bondad, el educador Marcelino, reconoce  la premisa para  abrir el diálogo educativo. Las características  son la escucha: entendida como capacidad de acoger y “hacer penetrar en sí” las palabras del otro, con atención y sin prejuicios,  la capacidad de saber responder a las llamadas aún implícitas, del otro, la disponibilidad para acompañarlo en la búsqueda, en el hacer emerger las preguntas fundamentales.

- La Presencia: “El vivir con”, indicado en la primera regla escrita por don Luis, hoy se  expresa como disponibilidad cognitiva y emotiva del adulto, en el poner a disposición los recursos del conocer y del sentir.  En el vivir con, el educador Marcelino considera también  una  puntual atención entendida como capacidad receptiva intensa para el otro, de modo que alcance a individuar las condiciones oportunas para que el otro  encuentre su propio camino.  Característica propia del vivir con, es  también el saber esperar, como respeto de la maduración del otro y, como en vigilancia de los movimientos de su propio corazón.

- Tener ánimo: es una recomendación recurrente de don Luis.  Es un modo de exhortar a tener valor. Es una característica del corazón que con frecuencia está unido a la esperanza. Para el educador Marcelino  es la actitud con la cual se deben enfrentar los acontecimientos,  las situaciones de cada día, valor que le viene del hecho de   apoyarse sobre los que son los pilares de  los Creyentes: la paciencia, es decir,  la fuerza de permanecer firmes en los momentos de adversidad y saber esperar, aún por largo tiempo;  es la certeza puesta en Jesucristo, en la promesa hecha por una Persona de la cual podemos fiarnos totalmente.
- Solidez: es la honestidad en el reconocer su propia situación interior, es la clara visión de sus capacidades, es el  contrario de la superficialidad, del tomar todo a la ligera, es el rechazo de cualquier prejuicio, preconcebido y por lo tanto, es la libertad del corazón. Para el educador Marcelino, la solidez es índice de un serio trabajo de conocimiento de sí mismo. Si la ternura nos permite de acoger al otro, la solidez nos permite de intuir, de ver por su verdadero bien, está ligada al cultivo y al cuitado de la voluntad. Solidez expresa también la solicitud en el enfrentar su proprio deber, la capacidad de perseverar en el alcance de un objetivo válido; es la osadía, el toque que caracteriza el actuar.

- Uniformidad: recomendación recurrente en la  primera regla de las hermanas Marcelinas, no debemos de entenderla como homologación, sino como “caminar juntos  en una misma dirección”, y perseguir juntos el mismo objetivo. Los educadores Marcelinos reconocen en la uniformidad la búsqueda de la dimensión comunitaria, del trabajo in team, el deseo de una sinergia  concordancia, unión, cooperación entre consagradas y laicos, en un  clima de estima y acogida recíproca, capaz de hacer emerger los dones y las potencialidades de cada uno, en vista del bien.  Reconocen un camino para continuar a mantener vivo el  Espíritu de familia, es decir, se empeñan en ser “personas que saben compartir en un ambiente de respeto recíproco, con un corazón grande, con una atención fraterna y materna, en la sencillez de las relaciones libres de comentarios, de sospechas y de  juicios. Personas que se alimentan del mismo pan eucarístico y terreno, personas que saben vivir Betánia para  vivir bien el Cenáculo y esperar  cada día junto al Espíritu.”

- Gozo, Estar alegres: es una dimensión del corazón que involucra a todos, determina el clima del vivir juntos, del aprender juntos, del colaborar. Don Luis parece  no cansarse nunca  de repetirlo. El educador Marcelino reconoce en este gozo  el cuidado de su propia vida interior, la adquisición de una mirada contemplativa  sobre la realidad, que enseñe a unificar, a pesar de la fragmentación en la cual estamos sumergidos, el saber, los deseos, la vida. Él tiene la certeza que la Salvación  viene del Señor, y es para todos.

- Sencillez: entendida también como franqueza, ingenuidad. Para don Luis esa sencillez es de entenderse  como la búsqueda de las  vías llanas que se contraponen, en el campo educativo, a cualquier forma de complicación.  El educador Marcelino reconoce en la sencillez una característica esencial de la relación educativa: significa ponerse ante del otro con libertad de corazón, permitiéndole expresarse, mostrarse como es, incluso equivocarse…

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