Nuestros Santos

   

Santa Marcelina.

Durante el imperio de Constantino, Santa Marcelina, perteneciente a una familia patricia, nació en Roma aproximadamente en el año 327. Siendo ya cristiana, a través de la oración y la reflexión maduró en sí el propósito de ofrecerse al Señor. Recibió el velo de las vírgenes consagradas de manos del Papa Liberio en la Navidad del año 353. Desde entonces intensificó la oración y el estudio de las Sagradas escrituras además de acoger en su casa a numerosas compañeras, quienes deseaban ser guiadas en el conocimiento del Señor y  comprometerse con ella para socorrer a los que sufrían y a los pobres. Al mismo tiempo se ocupó de la educación de sus hermanos menores: Sátiro y Ambrosio, pues siendo la hermana mayor, se sentía responsable, especialmente después de la muerte de su madre.

En el año 374, cuando Ambrosio fue elegido, por aclamación popular, obispo, Marcelina y Sátiro no dudaron en seguirlo en la nueva sede Milanés.

Maestra y consejera de ambos hermanos, continuó su vida comunitaria con sus compañeras vírgenes, que habían llegado desde Roma junto con ella. A pesar del silencio y recogimiento de su existencia, ella desarrolló un apostolado eclesial, compartiendo las ansias y las necesidades del obispo Ambrosio, guiándolo a leer  la vida a la manera de Cristo y a luchar valientemente en la defensa de la justicia y de la fe. Ambrosio la estimó mucho y la propuso como ejemplo a muchas jóvenes que como ella, Dios llamaba a una entrega total.

Siempre cercana a su hermano, hasta el último momento, Marcelina pudo asistirlo en la breve enfermedad que lo llevó al cielo el sábado santo del año 397. Ella misma murió pocos meses después, el 17 de julio y fue sepultada en la Basílica de San Ambrosio. Fue proclamada santa por la voz del pueblo.

 

   

San Ambrsio

De noble familia romana, Ambrosio nace en Treviri, en la actual Alemania, en el año 339. Terminados sus estudios en Roma, inicia una brillante carrera como funcionario del imperio romano. En el año 370 vivía en Milán y era gobernador de la provincia de Liguria-Emilia (la actual Italia norte-occidental). A pesar de que era un catecúmeno, fue aclamado obispo por voz del pueblo, durante una insurrección contra los herejes arrianos en el año 374.

Después de un comprensible rechazo, por parte de Ambrosio, él acepta ser bautizado el 30 de noviembre y ser ordenado sacerdote el 7 de diciembre del mismo año. El padre Simpliciano fue su guía espiritual y lo inició en la lectura de la Sagrada Escritura, lo animó y sostuvo en los primeros años de actividad pastoral.
Al convertirse en obispo, Ambrosio, gobernó su diócesis con la firmeza del gobernador y el afecto del pastor. Escrupuloso en el cumplimiento de su oficio, ejerció una gran caridad hacia todos, revelándose verdadero guía y maestro de su pueblo.

En contra del emperador sostuvo apasionadamente los derechos de la Iglesia y contra los arrianos defendió la pureza de la fe con sus escritos y con sus enseñanzas. Murió el sábado santo del 4 de abril del 397.

 

   

San Sátiro

Nació en Treviri en el año 337. Después de la muerte prematura del padre, Sátiro se establece con su familia en Roma. Tenía 18 años y frecuentaba la escuela de retórica para ser abogado.

En el año 363, una vez  terminados los estudios jurídicos, se inscribe, a pesar de las persecuciones infligidas a los cristianos por parte del emperador Juliano, en el gremio de los abogados de la curia.

Una vez que dejó Roma, a causa de la necesidad de practicar en provincia, Sátiro comenzó su peregrinación en las provincias del Imperio, hasta que la elección del obispo Ambrosio lo llamó a Milán junto con su hermana Marcelina. Renunciando a la carrera, se puso a la disposición de su hermano, convirtiéndose en un sabio y caritativo administrador de los bienes eclesiásticos, algo así como un diácono laico, dedicado a socorrer a los más necesitados.

Al regreso de un peligroso viaje en África, donde había ido por amor a la justicia de los pobres, naufragó y tuvo que quedarse en Roma, gravemente enfermo. Fue durante este terrible viaje de regreso cuando Sátiro recibió el bautismo y la Eucaristía. Deseoso de reunirse con sus hermanos, asistido por Marcelina y Ambrosio, murió piadosamente en Milán el 17 de septiembre del 379.

 

   

Beata Maria Ana Sala

Nació en Brivio (pueblo italiano de la provincia de Lecco) el 21 de abril de 1829.

Fue una de las primeras alumnas de la naciente escuela de las Hermanas Marcelinas en el pueblo de Vimercate. Fue acogida por  Madre Marina Videmari, rápidamente se distinguió por lo ejemplar de su vida y por su aprovechamiento escolar. En el 1848, entró a formar parte de de la nueva Congregación, comprendió de inmediato que su ideal y su misión   deberían de ser la enseñanza, la educación, la formación de las jóvenes en la escuela y en la familia.

Sor María Ana se santificó en la sencillez por su total fidelidad al Carisma de la congregación que había elegido. De su vida y ejemplo, surgen tres enseñanzas: la necesidad de la formación de un buen carácter firme, sensible, equilibrado; el valor santificador del compromiso en el cumplimiento de su propio deber, asignado por la obediencia y la esencial importancia de la obra educativa. Su pedagogía fue la que su director espiritual, Monseñor Luis Biraghi, le recomendó: ser cercana, estar junto a las jóvenes en cada momento y circunstancia, participando de su vida cotidiana, en clases, en la capilla, en el comedor, en el recreo, en el dormitorio. Entre sus mejores alumnas, se recuerda a la joven Judith Alghisi Montini, la que después sería mamá del futuro papa Paulo VI. María Ana Murió santamente el 24 de noviembre de 1891

 

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