Fiesta de la presentación del Señor
XVI Jornada mundial de la vida consagrada

2 de febrero 2013

 

Los consagrados, alma luminosa y figura de esperanza

 

Archidiócesis de Milán – Básilica de San Ambrosio

Un fiesta de luz a la cual participaron numerosos religiosos y religiosas de la diócesis, llamados por su pastor a ser testigos y anunciadores de la fe con la calidad de su vida spiritual, de su via comunitaria y de su servicio al prójimo” (CEI).

La solemne celebración eucarística fue prsidida por el Arzobispo, el cardenal Angelo Scola, en la basílica de S. Ambrosio donde se conservan los restos de S. Ambrisio, pregonero de la virginidad consagrada; su hermana, Santa Marcelina, que emitió su profesión virginal de manos del Papa Liberio. 

 

 

Precisamente en la capilla de Santa Marcelina dió inicio la procesión formada por el Arzobispo, los celebrantes y una representación de los diversos Institutos presentes en tierra ambrosiana. Todos tenían entre las mano velas encendidas, bendecidas con el significativo ritual e iban presedidas de un icono de la Virgen María.

 

 

Particularmente significativo fue, para nostras Marcelinas, que la procesión partiera precisamente de la capilla de St. Macelina

 

 

Después del canto de los doce Kyrie, típico del ritual Ambrisiano en las solemnidades, y de incensar el altar, ha pronunciado un saludo a nombre de todos los presetes padre Lino Dan, superior de los Jesuitas presentes en la Parroquia de Santa María de la Scala en San Fidel Milán.

En la homilía el cardenal Scola subrayó, cómo el símbolo de las velas o de las lámparas, indique, la “luminosidad del alma” que se necesita para andar al encuentro de Cristo.

 

 

Además de este símbolo de la luz, el Arzobispo comparó a los consagrados con dos personajes, los ancianos Simeón y Ana, “figuras de esperanza”, que vivieron toda su existencia en la espera de ver al Señor. El Cardenal remarcó cómo, antes que en el servicio, los consagrados deben “dar al mundo testimonio con la propia vida. No anteponer nada al amor de Cristo”.

El discurso continuó citando a nuestro gran padre Ambrosio, “Quien acoge  a Cristo en el íntimo de su casa viene colmo da la más grande alegría. A cada uno de nostros nos fue dada la alegría de estrechar entre los brazos al Hijo de Dios. Una experienci carnal, humana, de  intenso cumplimiento. “Oh Dios, que escuchaste la ardiente espera del santo Simeón, cumple en nostros la obra de tu misericordia” (Oración después de la Comunión). 
Recordó la reciente visita del Santo Padre en ocasión del Encuentro Mundial de las Familias y de sus palabras en la Catedral, dirigidas a los sacerdotes y a los religioso,  citando el Ctecismo de la Iglesia Católica: “A la vida religiosa, en sus múltiples formas se le pide de expresar la caridad misma de Dios, en el lenguaje de nuestro tiempo” (Ctecismo de la Iglesia Católica, 926).

Explicando las palabras de Simeón a María, que el bienaventurado Juan Pablo II definió “segundo anuncio” a la Virgen (cfr. Redemptoris Mater” 16),  Scola  indicó       cómo éstas subrayen la concreta dimensión histórica con la cual el Hijo cumplirá su misión,  en la incomprensión y en el dolor, a los cuales por fe, María prticipa. Es la demostración que para hacer verdadero el amor, a cada amor, sirve la “extraña necesidad” del sacrificio.

Para concluir, el card. Scola recordó la tarea que las familias de vida consagrada tienen: abrir, de par en par, la Iglesia local a la Iglesia universal, cotidianamente. Para poder cumplir esta tarea urgente es necesario que la vida consagrada realice el proprio carisma, encarnándose sin límites en la vida de la Iglesia local”.

(Para leer la homilía del cardenal Scola, clica aquí)

 

 

La presentación de los dones con los cuales los religiosos expresaron su unión a la ofrenda del Cuerpo y de la Sangre de Jesús por el bien de toda la Iglesia.

 

El obispo acoge los dones diciendo: Dios te bendiga a ti y a tu ofrenda

 

Diócesis de Bolzano – Bressanone

También nosotros en Bolzano hoy tuvimos un regalo muy especial: hemos gustado el perfume de la unidad celebrando por primera vez la vida consagrada juntos, italianos, alemanes y ladinos, comenzando por los cantos bilingües entre frnciscanos y marcelinas.

La cita para todos los religiosos era en la nueva iglesia de “Teresa de Calcuta”, apenas inagurada en un barrio de la ciudad, de reciente fundación. Una iglesia moderna, que intencionalmente busca el camino de la humildad confundiéndose, por su altura y su forma, entre las casas de la gente.

 

La iglesia parroquial dedicada a Madre Teresa

 

La iglesia era fría, sin calefacción,un poco por elección, un poco por falta de medios, sin embargo casi ni lo notamos de tan grande que era la participación y la atención para traducir cada paso en el otro idioma, aquel del vecino que hoy, por gracia, se hizo prójimo.

 

 

El padre Miguel, vicario episcopal, recordó que la diócesis no necesita, en primer lugar, de los preciosos servicios que ya desempeñamos y de los cuales nos está verdaderamente agrdecida, sino de la vida consgrada en sí, sobre todo de su testimonio de fe. “Háganos ver” – agrega el padre Miguel – que es posible dar un primado diferente a las relaciones, que se puede vivir una vida comunitaria capaz de pasar a través de los conflictos y salir fortalecida”. Esta llamada “Háganos ver”, creo que haya acertado : alcanza lo esencial que une a todos, italianos, alemanes y ladinos.

 

 

Es por esto que buscamos cotidianamente la experiencia de construir senderos que nos llevan de nuestra casa a la casa del vecino-lejano… es por esto que invitamos a los franciscanos a comer, o damos a las hermanas benedictinas un pedazo de tela negra, que a la vez, nostros habíamos recibido… para crear puentes, porque crear esos puentes nos hace, ante todo, bien a nostros, vida consagrada comunitaria, obligándonos a “emigrar” de nuestra cultura. (Sor Sarah Bortolato)

 

 

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