Instituto Internacional Hermanas de Santa Marcelina, la importancia del educar

 

1. Motivo de la fundación del Instituto educativo de las Hermanas Marcelinas

“Las hermanas  Marcelinas surgieron en la diócesis de Milán cuando todavía no existían  institutos religiosos  para la educación de la juventud y toda la educación disponible se encontraba en las manos de señoras laicas, las cuales con aparentes métodos   y ciencias modernas impartían una instrucción vanidosa y superficial. Después de la abolición general de los grupos religiosos, que aconteció en 1810 tomaron posesión de toda la educación de las niñas de condiciónacomodada de la ciudad de Milán. Esta educación era, generalmente, frívola y vanidosa, cuidadosa de las apariencias. Con la solemnidad de los favores públicos, las adulaciones de los diplomas de honor entregados a las alumnas, con la pretensión de poseer la amplia ciencia que negaban a las antiguas monjas, engañaban  a los padres y arruinaban a generaciones enteras. Estando yo en Milán sentía una gran pena por tan grave y universal daño en la educación: y con la ayuda de Dios pensé en como se pudiera instituir un cuerpo religioso que uniera el método y la ciencia requerida por los tiempos y por las leyes escolares, y al mismo tiempo el espíritu cristiano, las prácticas evangélicas”. (Archivo de la Casa General de las Hermanas Marcelinas – texto autógrafo).

 

2. La finalidad de la educación

“La finalidad de este Instituto es no sólo la santificación vuestra  de las hermanas, sino también el bien del prójimo y  sobretodo la educación  de la juventud...”. (Regla 1853, pág. 46).

 “La finalidad por la cual….  fue instituida esta piadosa Congregación, fue la de educar bien a las jóvenes, de cuya cristiana y civil educación depende el bien de la Iglesia y de la Nación.”

Quede bien fijo en la mente que el objetivo principal de la educación es formar a las alumnas virtuosas y santas”. (Regla 1853).

 

3. La importancia del educar

“La finalidad principal por la que fue fundada esta Congregación, siendo la de  educar a las  muchachas, todas ustedes, hijas muy queridas, deben estar bien convencidas de la grande importancia de su vocación, y corresponder con toda prontitud”. (Regla 1853, pág. 49).

 “Amen su  oficio, llévenlo a cabo con celo y amen con un amor santo a sus alumnas. Oh! si ustedes las amarán en Jesucristo no sentirán el tedio que a veces lleva consigo su oficio”. (Regla 1853, pág. 86).

“Una Maestra a veces puede incidir más que  un predicador”. (Regla 1853, pág. 87).

“Les recomiendo la enseñanza del catecismo en la parroquia y la instrucción de cualquier mujer que venga a ustedes o que les envíe el párroco”. (Regla 1853, pág. 71).

“¡Oh el bonito ejercicio (el catequizar) que las hace misioneras y apóstolas de Jesucristo!”. (Regla 1853, pág. 71).

“Aquí ustedes tienen [...] el gran mérito de educar bien la juventud”  (Cartas, 14 noviembre 1838, vol. I, pág. 81).
    
“Dichosas ustedes que, cumpliendo con celo y perseverancia esta santa y fatigosa misión, tendrán en el cielo, además del premio de las vírgenes, también el de los santos Apóstoles y Mártires”. (Regla 1853, pág. 50).

“Dichosas ustedes que tienen en sus manos un medio tan bonito para hacer felices tantas almas, mejorar mucho la sociedad humana, adquirir tantos méritos para el cielo”. (Regla 1853, pág. 34).

“Insistí mucho [...] sobre la libertad de la enseñanza y de la educación”. (visita al Conde Gabrio Casati, presidente del gobierno provisorio - Cartas a sus hijas espirituales, 2° vol. pág. 372).

 

4. Los medios educativos

“El oficio del educador es santo, difícil y de sí grande importancia  que requiere mucha habilidad, ejemplos edificantes, absoluto desinterés y sacrificios continuos!”. (Regla 1853, pág.17).

“Esta misión es realmente difícil y penosa; por lo tanto, además de la continua oración, requiere de su parte vigilancia, industria y firmeza en los  sanos principios”. (Regla 1853, pág.50).

“... además de las virtudes religiosas, deben procurarse también aquellas virtudes civiles y sociales, que son necesarias para educar bien. En primer lugar es necesario que tengan ustedes mismas una buena y sólida preparación.
Cada una por lo tanto según su propia  capacidad, con el permiso de la Superiora, procure aprender aquellas  ciencias que deben enseñarse en el Instituto.”. (Regla 1853, pág. 46).

“Deben pensar que estas ciencias son en sí  cosas inocentes y buenas: y de otra  parte son medios e instrumentos para hacer mucho bien […] Con aquellas ciencias enseñarán a las alumnas a ocuparse útilmente, a ser de provecho de la mejor manera a su familia, a hacerse respetar en cualquier circunstancia”. (Regla, pp.47-49).

“El mundo exige ciencia, y ustedes, vírgenes prudentes, sírvanse de la ciencia para vencer al mundo: el mundo con frecuencia la usa para el mal, ustedes úsenla para el bien”. (Regola 1853, pág. 47).

“Toda ciencia es vanidad sin la humildad”. (Cartas, n. 198).

“No hagan la teóloga, sino considérense  simples discípulas de la escuela del
grande  maestro Jesucristo”. (Regla 1853, pág. 49).

“Los sanos principios tómenlos de las enseñanzas de la palabra de Dios y de la santa Iglesia”. (Regla 1853, pp. 50-51).

“Tengan a pecho la enseñanza  del catecismo: porque el catecismo ha salvado al  mundo  y sólo el catecismo tiene el poder de salvarlo de nuevo. En la escuela, entre un compromiso y otro, durante los recreos recuerden al  divino Salvador, que sentado entre los niños, en medio de  los ignorantes, con grande paciencia y sencillez los instruía”. (Regla 1853, pág. 34).

“Llévenlas  de vez en cuando, ordenadamente, al hospital para que vean a los enfermos  y conozcan las fatigas físicas y espirituales. Buscando las ocasiones oportunas cuéntenles algunos hechos verdaderos y prácticos, para formarlas atentas y reflexivas para que no sean engañadas por las seducciones del mundo” (Regla 1853, pág. 59)

“Será de provecho dar el gusto a las internas de este caritativo ejercicio, para que se acostumbren en practicarlo ellas mismas un día, y para que viendo las  miserias de este mundo, se vuelvan sabias y encuentren buena la situación en la cual Dios las ha puesto”. (Regla 1853, pag.71).

“Será cosa buena orientar a las alumnas en la decisión de su estado de vida. En primer lugar, háganles entender que  es muy conveniente para las jóvenes que, en su momento, por cuanto depende de ellas, se decidan por un estado de vida; porque ordinariamente, pasados los años floridos, durante los cuales se quedaron con su familia, se encuentran como abandonadas, y se pasan la vida en nostalgias y mal humor.”. (Regla 1853, pág. 59).

“En el adornar el intelecto de sus alumnas con los conocimientos humanos, formen sus corazones en el amor por la  Religión y por la práctica de la virtud, lo alcanzarán comportándose de modo que ellas vean en ustedes siempre un modelo a imitar. Por lo tanto sean de humor siempre igual, jovial, pero dignas: muéstrenle  su interés para que tengan éxito, y en su dolor en el caso que no respondan a sus esfuerzos”. (Regla 1853, pág. 87).

“Mientras leen, o comentan algunos autores, sepan  tomar las ocasiones,  para hacerles notar el gran don de vivir la Religión Católica, y el deber de bien corresponder, la vanidad de los placeres y de las modas de este mundo, los peligros, las máximas distorsionadas, los desengaños que con frecuencia se reconocen demasiado tarde”. (Regla 1853, pág. 87).

“En la enseñanza del Catecismo tengan siempre presente dos cosas: la instrucción clara de la mente y el cuidadoso cultivo del corazón, en especial hagan  bien conocer y amar a Jesucristo”. (Regla 1853, pág. 71).

“Sobre todo procuren formar en ellas, por medio del diálogo, el justo modo de pensar, insinuándoles el respeto a los padres, la reverencia a los sacerdotes, la obediencia a las autoridades, con nadie usen una confianza privada, fórmenlas en el amor a la fatiga y a la vida frugal, seria, ocupada; en la compasión para los pobres, la humildad con todos, la sinceridad y la generosidad de ánimo, en una piedad sólida y ferviente.
Corrijan con amor y con firmeza: acostúmbrenlas a ser juiciosas, reflexivas, de buen corazón”. (Regla 1853, pág. 85-86).

“Por último hagan que las alumnas conozcan que quieren su verdadero bien, para que en las necesidades futuras de la vida, tengan la confianza de abrirles su corazón y de acoger algún buen consejo de parte de sus madres educadoras”. (Regla 1853, pág. 60-61).

“Nunca abandonen el método bendito que les permite estar siempre en medio de las alumnas, [...] ellas se formarán mejor con sus buenos ejemplos que con los muchos preceptos”. (Regola 1853, pág. 55).

“Durante el recreo esté la hermana  siempre en medio de ellas, no duerma, no lea ensimismada, no se vaya a orar; sino que busque de  ocupar a las muchachas  con juegos honrados, y sugerirles varias distracciones. Vele para que no hagan juegos prohibidos, ni se pongan en peligro y se hagan daño; con todo tipo de medio procure la integridad y la moralidad de las internas. Con habilidad llegue de repente y pregunte: ¿que están diciendo allá? ¿qué están haciendo ustedes aquí? ¿dónde estuvieron ustedes hasta ahora?”. (Regla 1853, pp. 83-84).

 

5. Aspectos negativos de una mala educación

“[...] los vicios de la educación moderna son: la demasiada confidencia y la melindrería  y la malentendida igualdad, como si los jovencitos de hoy ya fueran hombres  de juicio maduro. ¿Qué sucede después? Que estos, no habiendo nunca aprendido a obedecer,  a reverenciar, a renunciar a sus propias ganas, a llevar adelante una dificultad,  cuando son adultos, no conocen que cosa es la obediencia ni el respeto, y ordinariamente, exaltados, llenan de amargura los días de los padres demasiado débiles”. (Regla 1853, pág. 47)

“Vean como ordinariamente las muchachas de condición acomodada son educadas en una vida demasiado cómoda y alejadas de la fatiga [ …] Un mal todavía más grande es  el poco cuidado en la formación de las jóvenes   en la verdadera y sólida  religión cristiana, en la modestia, primer ornamento de la mujer, en la humilde y severa moral del santo Evangelio. Por lo cual la mayoría de las veces se alcanza una cierta bondad sólo en apariencia, únicamente humana”. (Regla 1853, pág. 50).

 

6. Consideraciones referentes al acto educativo y la enseñanza

“Créanme: ninguna fatiga, ningún sacrificio aflige tanto el cuerpo como la escuela”. (Lettere, n. 56).

“Consideren nada cualquier conocimiento y ciencia, nada cualquier fatiga, si no  es dirigida al fin de procurar la mayor gloria de Dios, el mayor bien del prójimo”. (Regla 1853, pag. 34).

“Y visto que los estudios profanos suelen aridecer el corazón  y traer una grande  disipación a la mente, exactamente por eso recuérdense que en medio de estos estudios necesitan de más oración y de ejercicios de devoción. ¡Hijitas! Eleven con frecuencia el corazón a la Sabiduría  eterna Jesús, al divino Amor, que es el  Espíritu Santo, rezando que mientras ustedes aprenden o enseñan  las ciencias de esta tierra, él, el Señor, les enseñe la ciencia del cielo”. (Regla 1853, pág. 49).

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